Todos los emails que ya he mandado, commit a commit. Si te apuntaste hoy, empieza por el de arriba. Si llevas tiempo dentro, aquí están los que se te escaparon entre push y push.
Estuve a punto de recomendarte una app de pago, y en vez de eso dije lo que decimos todos ahora: ¿y si me la hago yo? Nunca la hice. Esta es la cuenta que no echamos: mi editor lleva 455 commits.
Estaba en una reunión cuando se rompió algo. No me enteré yo: me avisó un sistema que había montado, y ya tenía una pull request esperando. Por qué el silencio de un servicio también es una señal.
No siempre tienes a alguien mejor cerca de quien aprender. Del que lo hace mal se aprende igual: entiendes qué te chirría y haces lo contrario. A mí me salió de un compañero que tardaba días en contestar.
Le pedí nichos a Claude para extensiones de Chrome y me devolvió la media de lo que ya existe. Construir dejó de ser el problema: lo escaso ahora son las ideas.
No podía dormir dándole vueltas a cómo seguir creciendo en la empresa. Ante un diseño técnico ya escrito, un junior con un mes y un buen Claude saca lo mismo que un senior con siete años. Y yo ya no sé qué tengo que hacer para ascender.
Pongo un par de tickets a producirse y me tiro dos horas sin tocar el ordenador. Pensaba que mi flujo ya era autónomo, pero solo trabajaba cuando yo estaba delante. Ahora el que espera soy yo.
Tiré un ticket entero a la basura y no sentí nada. Hace unos años borré una semana de trabajo con mis propias manos y me sentó fatal. La diferencia no está en el código: está en quién puso las horas.
Mi CTO dejó la IA corriendo sola un fin de semana y volvió con un ATS completo. Con los números que llevó a la reunión, mi empresa no necesita seis ingenieros. Y ahí se me fue la cabeza a otro sitio.
Acabo de estrenarme como senior y estar en punta de lanza es ahora mi trabajo. Todos se imaginan una vida pegada a X; yo lo hago en diez minutos con el café. Te enseño mi sistema en tres preguntas.
Un vídeo de Ali Abdaal sobre la fricción me cambió la cabeza. Esta semana lo llevé a la IA: en vez de pedirle a Claude que arregle el fallo de hoy, me puse a arreglar el sistema que lo genera.
Mi CTO me lanzó una idea a media charla: un orquestador con subagentes debajo. Esta semana quité los dos gates humanos de mi flujo, le puse metas y loops, y te lo cuento a fondo.
Mi jefe dijo en la retro que vamos al 10-20% de lo rápido que podríamos ir con la IA. Y tiene razón. Sobre por qué, sin un para qué real debajo, correr más es solo ansia por ansia.
Eran las 23:48 y seguía montando una API que ni quería. La hacía porque podía. Sobre la trampa de perseguir lo que puedes, en vez de lo que de verdad quieres.
Salió Fable 5 y media internet se volvió loca. Yo ni lo he probado, y estoy tranquilo. Sobre por qué, una vez tienes la herramienta, más casi nunca es mejor.
A inicios de año tuve un miedo que se me quedó en el cuerpo. Y no, no era a la IA: era el miedo a no impactar. Spoiler: es mentira, y te cuento por qué.
A finales de año pensé que no había hecho nada. Sobre llevar un registro de lo que haces, porque en una evaluación casi nadie recuerda tu trabajo.
El martes saltó un P0. La prioridad máxima de la empresa: para todo y arregla esto. Sobre encontrar las palancas que de verdad mueven el sistema.
Mi CTO contó en una daily que se había construido una app entera él solo para mejorar el flujo. El listón sube, las herramientas también.
Estaba en una reunión para «comentar» la nueva forma de trabajar. Sobre cuándo la curiosidad se vuelve costumbre y dejas de mirar lo que tienes delante.
Imagina que eres senior (quizás ya lo seas, felicidades ;)). Sobre llegar primero con algo bueno o tarde con algo mejor — y por qué gana el primero.