Para lo que me queda en el convento…
El otro día estaba en una reunión para «comentar» la nueva forma de trabajar.
Comentar por decir algo, porque la realidad es que era una imposición.
Se nos comunicaba que cambiaba la forma de trabajar: «ahora se va a programar sí o sí con IA, y desde management quieren aumentar la velocidad».
Lo típico de este año.
Mientras lo escuchaba pensaba: «Pf, otra vez metiendo la IA con calzador, qué mal».
Pero en lugar de quedarme en esa negatividad, me acordé de un refrán que me encanta:
me cago dentro».
Los programadores llevamos meses metidos en una encrucijada agridulce. Las empresas se están movilizando para usar IA en todo, y no nos queda mucha opción. Si tu empresa decide que ahora se programa con cursor, claude code o lo que toque, da igual lo que pienses tú.
Si quieres seguir programando con Vim, va a tener que ser en tu tiempo libre o en otra empresa que no te imponga lo mismo.
Para mucha gente esto es algo muy feo.
Llevamos años haciendo las cosas a nuestra manera, aporreando nuestros teclados en VS Code, Vim o lo que cada uno usase. Y de repente alguien que no programa decide que ahora todo va con autocompletado de IA.
Este tipo de cosas son las que hacen que este año programar apeste un poquito más, como ya hemos hablado en algún vídeo del canal.
Pero como no era algo nuevo, me dio por pensar otra cosa.
Y es que… somos programadores.
Nos gusta la tecnología y somos curiosos por naturaleza. Disfrutamos rompiendo cosas solo para entender por qué se rompen. Y ahora tenemos una oportunidad buenísima para todo esto.
Hoy, la barrera para colar algo nuevo ha bajado tanto que ahora todos deberíamos proponer cosas.
Si llegas a tu empresa con una herramienta de IA que quieres probar, con la promesa de ahorrar horas en algún proceso, ya no te miran como al loco que quería gastar. Te miran como a alguien alineado con el plan AI-First que les están marcando desde arriba.
Yo lo estoy aprovechando ya.
He conseguido que mi empresa nos pague la herramienta de transcripción que utilizo sin ningún pero. Solo necesité comentarlo en una reunión. Antes, una propuesta así tenía que pasar por un comité. Hoy se le da una revisión rápida y se aprueba si lleva la palabra «IA».
El camino fácil es quedarse en el cabreo. Y eso te paraliza. Te hace comentar por tercera vez la misma queja sobre la nueva herramienta, en lugar de hablar con tus compañeros de lo que está saliendo. Te quita la mirada de las cosas interesantes que pasan a tu alrededor.
Si entras a tu próxima reunión esperando que te impongan algo y dispuesto a odiarlo desde el primer minuto, vas a perder dos cosas a la vez. La oportunidad de probar algo que quizá te guste. Y la oportunidad de empujar tú lo que te interesa.
Porque queramos o no, esta va a ser la nueva forma de proceder. Y posiblemente no haya vuelta atrás en mucho tiempo. Así que deberíamos hacernos una pregunta: ¿qué nos mueve cuando entramos a trabajar?
¿La curiosidad o la costumbre?
Si te dejas llevar por la costumbre, los próximos años se van a sentir como una agonía lenta.
Si te dejas llevar por la curiosidad, vas a aprender una barbaridad. Y, de paso, vas a conseguir que tu empresa te pague software que en otra época ni te habrían dejado proponer.
Si lo van a imponer desde arriba, acabará llegando. Así que aprovéchalo. Y, ya puestos, ve un paso más allá: que las cosas que entren sean las que a ti te interesan. Hoy esas propuestas tienen más probabilidad de prosperar que en toda la última década.
me cago dentro».
La ventana está abierta.
Y no siempre va a estarlo.
Tres apuntes de la semana
Te recomiendo
De la comunidad
Y a ti, ¿qué propuesta llevas tiempo queriendo colar en el trabajo?
Ahora puede ser el momento. Responde y me cuentas cuál es. Leo todo, aunque a veces tarde un poco en contestar.
$ reply --to=newsletter@alpacatech.dev