Poder no es querer.
Eran las 23:48. Yo sabía que en poco tenía que dormirme. Pero quería terminar de subir mi API a RapidAPI.
Estaba intentando montar algo que (en teoría) iba a hacerme ganar dinero. Me había quedado atascado redactando la documentación y todas las cosas que te pide la plataforma.
Entonces, en algún momento entre iteración e iteración me pregunté:
¿Y esto por qué lo estoy haciendo?
No tenía respuesta. Mejor dicho: no tenía una respuesta que me sirviese.
¿Sabes por qué lo hacía?
Porque podía.
Yo me dedico al backend, así que puedo crear APIs con facilidad. Es un terreno conocido. Un día me salió en YouTube un chico que ganaba dinero de este modo, y como yo podía replicarlo empecé a intentarlo.
Algo que podría parecerte un entretenimiento de fin de semana. Pero que considero una de las peores trampas que tiene el mundo del código.
En el software vivimos rodeados de posibilidades. Siempre ha sido así, pero ahora más aún. La cantidad de cosas que un programador puede construir hoy es absurda: apps, APIs, videojuegos, un SaaS… todo en tiempo récord, y solo necesitando saber lo mínimo.
Antes ya parecía que teníamos superpoderes, pero ahora con la IA abres una conversación, escribes lo que quieres y, un rato después, tienes algo funcionando. En dos horas montas cosas que hace dos años te habrían llevado semanas.
Que puedas construir cualquier cosa no significa que tengas que construirla. Que exista una posibilidad no la convierte en una obligación. Parece evidente cuando lo escribo. Pero en la práctica, yo me lo salté durante bastante tiempo.
Siempre creí que tenía que ganar dinero con mi propio software. No «me gustaría» hacerlo, sino que tenía. Como si fuera una asignatura pendiente que alguien me iba a pedir.
Lo curioso es que ni siquiera me había parado a comprobar si eso era verdad. Si era algo que quería de verdad, o solo algo que asumí que debía querer porque se podía.
Cuando lo pensé en frío, me di cuenta de que no usaba el dinero para nada, y ya se me pasó un poco. Pero hasta entonces me puse con ello, a lo bestia.
Que si crear aplicaciones. Que si estudiar qué demandaba el mercado para replicar lo que ya funcionaba. Que crear APIs a raíz del vídeo que había visto…
Y no paró ahí. Hubo una temporada en la que no era conseguir dinero, sino acabar en una Big Tech. Llegué a hablar con gente de dentro de Amazon para enterarme de cómo funcionaba todo por dentro, y empecé a preparar la entrevista.
A preparar la entrevista de un sitio donde, en el fondo, no quería trabajar.
La perseguía porque podía.
El «poder hacer» muchas cosas, como nos pasa a los programadores, hace mucho ruido. Vives rodeado de gente montando su startup, sacando su producto, entrando en la empresa de moda. Y como tú también «podrías», sientes que algo falla si no lo estás haciendo. Que vas tarde. Que estás desaprovechando los superpoderes.
Pero «poder» y «querer» son dos cosas distintas, y se nos olvida constantemente.
La IA, que es maravillosa para esto, también lo empeora. Cuando construir algo era lento y caro, la fricción te obligaba a elegir. El propio esfuerzo filtraba. Ahora ese filtro casi no existe:
Yo cada día tengo que luchar para no crear mi propia aplicación de cualquier cosa. El coste ya no está en construir. Está en el tiempo y la cabeza que le dedicas a cosas que ni siquiera querías.
¿Cómo se arregla esto? No lo sé. Quizás leyendo newsletters como esta que te ayuden a darte cuenta de que a ti también te pasa.
Yo ahora me hago una nueva pregunta: esto que voy a hacer, ¿lo quiero, o solo puedo? A veces la respuesta es dura, sobre todo si ya le has echado horas.
Pero mejor perder algunas horas antes que semanas.
Tampoco es que ahora no haga nada. Sigo construyendo cosas. La diferencia es que ahora me lo pregunto antes de empezar, y me ahorro más de un callejón sin salida.
Y sospecho que esto no me pasa solo a mí programando. Seguramente tú también lo vivas, en el trabajo o fuera de él. Esa empresa más grande a la que podrías saltar. Ese proyecto que podrías empezar. Ese camino que está ahí, abierto, posible, y que asumes que deberías tomar solo porque podrías.
Las posibilidades pueden quedarse donde están.
A lo mejor sí. A lo mejor lo quieres de verdad y adelante. Pero a lo mejor solo es que puedes. Y eso, por sí solo, no es razón suficiente para nada.
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¿Qué te has impuesto hacer alguna vez solo porque se podía, y no porque lo quisieras de verdad? Dale a responder y cuéntamelo. Lo leo todo (poquito a poco).
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