Mi mejor referente lo hace todo mal
Era jueves, las 13:15.
Estaba a punto de irme a comer cuando me entró un mensaje por Slack.
Me había escrito una de las responsables de B2C en mi empresa.
Al principio me extrañó.
O sea, ¿a mí? Si soy un desarrollador más del equipo, sin ninguna responsabilidad especial.
Pero sí, lo hizo.
Y lo hizo para preguntarme unas dudas sobre una de nuestras últimas funcionalidades. Parecía un bug, pero era cosa de producto.
No era la primera vez que esto pasaba. Ya me habían escrito en otras ocasiones, y al resto de mis compañeros también.
¿Por qué nos seguían escribiendo entonces?
Porque el responsable de producto estaba ocupado (muy ocupado).
Ella le escribía, y él tardaba demasiado en responder. Al final contestaba, sí, pero a veces pasaban días.
Y claro, ella mientras tanto buscaba a alguien que le hiciera caso.
¿Por qué te cuento esto?
Porque de aquí saqué algo que uso todas las semanas.
Y no lo saqué de nadie a quien admirase.
Siempre nos han dicho que hay que rodearse de buenos referentes.
«Sé el peor de la sala,
y no dejarás de aprender».
Algo que... creo que es cierto. Con alguien mejor que tú a tu lado es fácil que tires hacia arriba y no dejes de superarte. Sobre todo si esa persona es un crack y tiene ganas de enseñar.
El problema es que no siempre tenemos eso.
A veces no hay nadie así en tu equipo. O puede ser que lo hubiese, pero ya le superaste, y ahora no te quieres mover, porque estás bien donde estás o porque tienes la cabeza en otras cosas.
¿Y entonces qué? ¿Te pasas dos años sin aprender de nadie?
No hace falta.
(Si aplicas lo que te voy a contar, claro.)
Y es que de lo malo de alguien también podemos aprender un montón. Pero con el chip de aprender.
Es decir, no ves que el otro hace algo mal y te quejas. Quejarse es gratis y no sirve de nada. Lo que tenemos que hacer es entender por qué nos parece que eso está mal y aprender del error.
Con el ejemplo que te contaba antes, al final entendí qué le molestaba a la responsable de B2C.
Y qué era lo que estaba mal.
Yo pensaba que era pedir cosas y que le dijeran que no.
Pero no.
¿Sabes qué era en realidad?
El silencio.
Cuando yo le respondía, su problema seguía igual de parado. Y aun así se iba más contenta.
Y poco a poco mejoraba nuestra relación.
Así que empecé a contestarle rápido siempre. Aunque no arreglase lo que me estaba pidiendo.
↳ «Eso es del otro departamento, se lo paso y te cuento.»
No le arreglaba nada en ese momento. Solo le decía que la había leído.
Hoy es una de las personas con las que mejor me llevo de toda la empresa, y ha sacado mi nombre en público más de una vez para darme las gracias.
Solo por contestar rápido.
(Al final es lo mismo que te contaba cuando hablamos de sorprender antes que defraudar: el trabajo es el mismo, lo que cambia es lo que percibe el otro.)
Puedes aplicarlo a lo que quieras: al código que escribe alguien, o a cómo trata a la gente cuando algo se tuerce más de la cuenta.
¿Quieres otro ejemplo? Las demos.
(Una demo es una reunión donde le enseñas al cliente en lo que has estado trabajando.)
Si las de tu compañero te parecen una mierda y se le nota que va improvisando sobre la marcha, entiende por qué y ponte un objetivo: que las tuyas no sean así.
Porque esto funciona todavía mejor con lo que te sienta mal a ti.
Si alguien te deja un comentario cortante en una pull request y te jode la mañana, ya tienes la lección: a cualquiera que sea como tú le va a joder igual.
Así que métete en la cabeza que tú lo vas a decir de otra forma.
Esto puede sonarte como una tontería. Como algo que ya sabes.
Pero ya te digo yo que no lo sabes.
Piensa en la última vez que un compañero tiró producción. Esa cosa «mala» dura dos segundos en tu mente: «fíjate lo que le ha pasado al pobre Manuel, qué mal, espero que a mí no me pase nunca». Y a los diez minutos se te ha olvidado.
Para que veas que no es tanta tontería.
Y esto necesita un sistema. Apúntalo en tu Notion, que lo recuerde tu agente, usa Tweek... lo que quieras. Pero deja escrito qué pasó y qué vas a hacer tú distinto.
Pero tampoco te obsesiones.
Porque puede ser que acabes mirando a todo el mundo a ver qué le pillas, o que le empieces a sacar defectos a la gente por la cara. Y vivir así, es un asco.
Con un buen referente todo esto es mucho más fácil, claro. Lo miras, lo copias y a hacer las cosas mejor de lo que ya lo hacías.
Pero si ahora mismo no tienes a nadie así cerca, no pasa nada: tenemos esta opción.
Y tampoco son incompatibles. Puedes quedarte con lo bueno de los que lo hacen bien, y con lo que no quieres ser del resto.
Además, esto no es solo cosa del trabajo. Te vale con cualquier persona que conozcas, aunque no haya software de por medio.
Ya sabes, la responsable de B2C cree que soy el que mejor la trata de todo el equipo técnico.
Y lo único que hice fue entender lo que le molestaba de mi compañero de producto y hacer lo contrario.
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Y tú, ¿qué has aprendido del que lo hace mal?
Si sacaste una lección haciendo justo lo contrario que alguien, cuéntamelo. Dale a responder. Lo leo todo (poquito a poco).
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