El miedo a no impactar.
A inicios de este año tuve miedo. Un miedo que se me quedó en el cuerpo durante varios días.
Y no, no era a la IA.
Era el miedo a no «impactar».
Sé que tú también lo has tenido, aunque aún no le hayas puesto nombre.
¿Por qué lo sé? Porque te dedicas a la programación, o como mínimo te apasiona esto.
Y en la programación tenemos una cosa muy buena, y muy mala a la vez: podemos impactar.
Escribimos software, y el software tiene una palanca muy fuerte. Una cosa que escribes una sola vez puede acabar en manos de miles de millones de personas, usándose miles de millones de veces.
Puedes estar durmiendo y la gente usando lo que picaste hace tres años.
El resultado se multiplica solo.
Cuando Facebook compró WhatsApp, la app la mantenían unas 55 personas. De esas, se dice que unas 32 escribían el código.
Treinta y dos personas sosteniendo una herramienta que ya usaban cientos de millones. Para que te hagas una idea, eso es menos gente que la que cabe en un vagón de metro.
Y ahí está el problema. Esa es la razón de mi miedo: las mismas horas de un programador no rinden igual según dónde las eches.
Imagínate dos vidas paralelas.
En una, pasas diez años en la empresa de informática de tu barrio. La que arregla los ordenadores del gestor de la esquina y le monta la web a la peluquería de enfrente. Trabajo honesto, gente real, de la que ves cada día.
En la otra, pasas esos mismos diez años en el Amazon de los primeros tiempos. Las mismas horas. El mismo esfuerzo. Sin embargo, generas un impacto en el mundo que rompe toda comparación.
Las mismas horas. El mismo esfuerzo. Y un resultado que no se parece en nada.
Nosotros hemos visto crecer a esas empresas en directo. Hemos vivido cómo cuatro garajes se convertían en las compañías que hoy manejan medio mundo. Las que admiramos.
Así que la idea se nos ha metido dentro sin pedir permiso. Parece que si quieres ser un programador «potente», uno de esos que «hacen cosas grandes», debes estar en una big tech. Parece que tus horas, si no impactan al mundo entero, valen menos.
Aunque al final el miedo se me va. ¿Sabes por qué?
Porque es mentira.
No hace falta una Big Tech para impactar. Se cambian vidas desde cualquier sitio. Desde una empresa de diez personas, desde un proyecto pequeño o desde tu propia casa, tú solo, un domingo por la tarde.
Te lo digo por experiencia, porque a mí me pasó.
Yo trabajo en recursos humanos, en una empresa que no es una Big Tech, que no «impacta a miles». Antes de entrar fui usuario. Fui la persona del otro lado de la pantalla buscando una oportunidad, y esos mismos servicios que hoy ayudo a construir me ayudaron a encontrar mi empleo.
Cuatro años después, puedo ver cómo me ha cambiado la vida. Todo lo que he aprendido y ganado por el camino (sin esto ni siquiera habría montado esta newsletter, vamos).
Si mañana mi empresa se va a la quiebra, como mínimo, me habrá cambiado la vida a mí.
Yo soy una de esas vidas cambiadas por gente que «no iba a impactar».
Alguien picó código en una empresa normal y, sin saber mi nombre, me cambió la mía. Por eso sé que la mentira es mentira.
Y aun así, no se me va del todo. Cada cierto tiempo vuelve y pienso: ¿debería cambiarme? Nunca llego a una respuesta buena. Solo llego a «aún no lo sé». Que es la respuesta más honesta que tengo.
Ahora mismo no persigo el impacto. Persigo un estilo de vida.
Uno con el que soñaba cuando era pequeño. Unir comunicación y tecnología, las dos cosas que siempre quise, en lo mismo. Justo lo que te conté en los primeros vídeos del canal.
Y mientras estoy centrado en eso, el impacto profesional con la empresa se queda en un segundo plano. No porque no me importe. Es que no puedo ir a por todo a la vez, y he elegido esto otro primero.
Ojo con una cosa, para que no haya malentendidos. Nada de esto va de dinero. No te estoy hablando de cambiarte de empresa por un sueldo mejor. Eso es otra película, más fácil de calcular.
Esto va de propósito. Son dudas medio existenciales. De esas que dejamos de lado cuando hay cosas más urgentes encima de la mesa: la hipoteca, el sprint, el bug de la semana… Pero en algún momento nos asaltan a todos. Y a todos nos toca sentarnos a mirarlas de frente, aunque no tengamos la respuesta.
con las horas que tienes,
que no son infinitas.
Así que te lanzo a ti las mismas preguntas que llevo meses haciéndome.
¿Tú qué persigues ahora mismo, de verdad?
¿El impacto, el dinero, un estilo de vida, otra cosa que ni sabes nombrar todavía? ¿Y tienes también este miedo, o lo has vivido este año? Igual la respuesta no la tengo yo solo. Igual la sacamos entre todos los que estamos en el mismo barco.
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Rocódromo (escalada en boulder)
Llevo dos semanas y engancha. Desconectas y vacías la mente, y cada bloque es un puzzle que resolver: muy de programador. Y no hace falta un físico portentoso para empezar a probarlo.
De la comunidad
Y a ti, ¿qué persigues?
El impacto, el dinero, un estilo de vida, otra cosa que ni sabes nombrar todavía… Y dime si tú también tienes este miedo. Dale a responder a este correo y cuéntamelo. Lo leo todo (poquito a poco).
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